Es esta la primera impresión a la que me remite el último libro de Podestá, a la figura del doble y a la perturbadora idea de una réplica capaz de poner en duda nuestras certezas frente a lo identitario, ya sea a causa del propio reflejo o en cuanto a la posibilidad de encontrarnos con alguien fisionómicamente idéntico a nosotros. Asuntos que en la literatura no han dejado de ponerse en juego con el ánimo de aproximarnos a un fenómeno que culturalmente nos sigue generando un alto grado de interés. Basta recordar el célebre caso de Yákov Petróvich como la copia negativa de Goliadkin en «El doble» de Dostoievski o, sin ir más lejos, a Julián Pardo y a Walter Davis en el curioso desdoblamiento que se nos presenta en el clásico nacional «El socio» de Jenaro Prieto.

Pues bien, en este caso, el autor —valiéndose de un imaginario y de una serie de recursos altamente envidiables— se anima en «Chonpen», «Chianpen», «Shiampen» o «Chanpen» (Editorial Navaja, 2022) a un abordaje bastante peculiar de la alteridad que termina dando forma a una propuesta polifónica y confusa encarada con total descaro tanto ante el buen decir como frente al bien teclear. Y para ello, el norte chileno se transforma en el escenario donde, a partir de un extrañísimo cruce entre un grupo de personajes hollywoodenses encabezado por el actor y activista Sean Penn y sus bizarros dobles tarapaqueños, se desencadena el descalabro.

por Juan Malebrán